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Marketing político

Gerencia: El marketing político nunca llegó a la campaña electoral 2014


POR DOUGLAS UMAÑA / gerenciaef@elfinancierocr.com / 19 ENE 2014, 12:10 AM

 

Ver fuente original:  http://www.elfinancierocr.com/negocios/Gerencia-marketing-elecciones_2014_0_448155207.html

En la actual campaña política ha faltado algo que los mercadólogos conocemos como marketing político.

Los dirigentes han dejado, como es costumbre, las cosas para el final y solo utilizan esta herramienta cuando se aproximan unas elecciones, olvidándose, el resto del tiempo de comunicar a los ciudadanos que les otorgan, o no, su voto sus planes y proyectos.

Para analizar el tema, trataré de hacerlo desde la objetividad técnica que el marketing político nos permite, además de las actuales circunstancias que median en los procesos electorales y las consideraciones que nos merecen las actuaciones electoralistas de los candidatos y de los partidos. Partamos, para ello, de la diferenciación entre el marketing político y el electoral.

El objetivo del primero debería ser la formación e información política e ideológica de los ciudadanos con el fin de que puedan conocer, a fondo, las distintas posibilidades que se les ofrecen y, así, participar en los procesos electorales con absoluto conocimiento, responsabilidad y coherencia.

El marketing electoral, como su nombre indica, tiene una visión más cortoplacista ya que su objetivo es obtener el mayor número de votos para el partido en cuestión o, en lenguaje de mercadeo, vender unos candidatos y unos programas concretos.

A diferencia del marketing político que debe crear mercado permanentemente, el electoral debe incrementar la cifra de ventas, de votos en este caso, para conseguir una mayor cuota de mercado, es decir una mayor cuota de poder, en cada comicio electoral.

Lo que está sucediendo en la realidad debido a que únicamente se aplica el marketing electoral (de corto plazo) es que la abstención y el desánimo resultan ser las opciones que mayor incremento tienen o tendrán. Ante estas circunstancias, la pregunta que los especialistas nos deberíamos formular es si el marketing electoral está fallando; si estamos planteando adecuadamente las estrategias y las tácticas electorales que diseñamos para las campañas o si de una vez por todas hacemos planes de marketing político como debe ser.

Principios

El candidato debe tener una imagen coherente con las acciones que ha realizado anteriormente. Debe ser coherente con la ideología de su partido y, sobre todo, si busca reflejar honradez, rectitud y sensibilidad social, debe tener un peso político y profesional que lo respalde.

Se debe hacer un estudio y un replanteamiento de campañas anteriores, contar con una idea de los efectos que produjeron para poder detectar áreas de oportunidad y evaluar cuáles han sido los aciertos y los errores para aprender de ellos.

Resulta muy contraproducente repetir una campaña de forma casi idéntica a alguna anterior, aun si esta fue muy exitosa, pues es equivalente a pensar que la política y la sociedad permanecieron estáticas entre campaña y campaña, que nada cambió y si hay algo seguro en este ámbito es el cambio.

Es muy probable que a simple vista los candidatos que compiten entre sí se parezcan mucho, por eso es importante marcar claras diferencias entre ellos, pero que sean significativas.

El diagnóstico del ámbito donde se va a competir es el estudio de las personas (electores), sus aspiraciones, sus necesidades, la opinión que tienen del partido que los va a abanderar, el nivel de conocimiento del candidato, la imagen que tienen del candidato, el análisis de los recursos humanos y monetarios con los que se cuenta, la elección de los temas de campaña, el uso de la comunicación digital, la estrategia de campaña, la táctica, el tono y la comunicación directa e indirecta de los mensajes, entre muchos otros.

El tono de la campaña se refiere a las expectativas reales y puede ser electoral o de notoriedad. La primera opción se refiere a los candidatos que tienen realmente posibilidades de ganar la elección, y la segunda a los candidatos que saben desde un inicio que no tienen oportunidad de ganar pero buscan otros fines.

La campaña electoral persigue objetivo de ganar, puede lograrse por ser el candidato del partido hegemónico, por ser el mejor posicionado o por tener el perfil más destacado y, en menor medida, por ser el que más recursos tenga.

Sin embargo, pese a la razón que coloque al candidato en “el juego”, lo cierto es que cualquier resultado que no sea la victoria implicará un revés muy duro para él y su grupo de trabajo, por lo que se buscará cualquier acción, por temeraria que sea, para salvaguardar sus intereses.

La campaña de notoriedad puede tener otros objetivos, desde poner en la mente del electorado el nombre y perfil del candidato para futuras elecciones, hasta buscar un mínimo de votos que ayuden a asegurar el registro de un partido político en crecimiento, pasando también por fines como el de solo dividir los votos de los ciudadanos indecisos en favor de otros candidatos.

Por último, la comunicación directa es la que se recibe directamente de los partidos y de los candidatos, ya sea por su equipo de promoción o por los medios de comunicación la cual debe de llenar las expectativas del estudio previo que se realizó en la investigación de mercado (electores).

Debe tomarse en cuenta que la mayoría de los ciudadanos se cansan de los sistemas políticos tradicionales y sus pobres resultados, por eso no prestarían atención a la comunicación directa y casi en automático desecharán cualquier propuesta o información que les llegue.

A esto se debe que a la comunicación por terceras personas en este momento se le dé un mayor valor, es así que las campañas deberían hacerse escuchar por líderes de opinión que no tengan necesariamente que ver con el ámbito político. Es más fácil que un líder de opinión, al cual se le da cierto grado de influencia sobre el electorado, comunique algo sobre las campañas de una forma efectiva a que los candidatos o los partidos quieran hacer creer la misma información.


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